Aquel país, por un mexicano.

Escrito por en marzo 9, 2009

madeinHace tiempo, trabajaba como Asistente de Idioma en un Lycée francés. Entonces uno de los profesores me mostró un documento de una española que hablaba sobre mi país. No me pareció demasiado acertado, y sin importar que haya sido una reconocida escritora, pues creo que un mexicano tendría mas derecho a opinar sobre su propia tierra, que cualquier extranjero.
Asi fue como surge este documento, que presenté en contrapunto a dicho texto de esa española… no para rebatir, finalmente todo el mundo tiene derecho a pensar como mejor le parezca, pero para presentar «la otra cara de la moneda». Me gustaria haber conservado también ese otro texto, pero en verdad les confieso que lo perdí.
Y bueno, sin mas, el mencionado texto titulado «Aquel país, por un mexicano». El título del texto de la española era «Aquel país».

Aquel país, por un mexicano

Es difícil mantener una visión equilibrada de nuestro país ante el alud de notas negativas que escuchamos a diario en los medios: la encarnizada lucha del narcotráfico por sentar sus reales, el lastre de la corrupción, la miseria en que todavía viven muchos mexicanos y, ante todo ello, la vergonzosa actitud de los políticos, que parecen interesarse únicamente en conquistar el poder para enriquecerse y alimentar su delirio de grandeza.

Por fortuna, muchos mexicanos están dando la batalla desde su personal trinchera por hacer un país mejor, más amable y más solidario.

Si, quizás muchos males aquejan a nuestra sociedad. Pero hay otro México: uno lleno de gente alegre, hospitalaria, trabajadora y generosa, de profesionales honestos, brillantes y esforzados, de paisajes deslumbrantes y exquisitos platillos que siempre nos harán sentir orgullosamente mexicanos.

En mi experiencia en el extranjero, me he dado cuenta que muy pocos conocen algo de México, tal vez oyeron decir que su capital es la contaminada ciudad de México, otros nos critican por seguir utilizando la “x” en lugar de la “j” en la palabra México. Pero en general no saben mas allá de que el tequila es de origen mexicano.

Incluso me han preguntado, al conocer mi nacionalidad, que “donde dejé mi sombrero”. Tal parece que la única imagen que tienen es la del indígena sentado junto a un cactus.

Pues bueno señores, México es un país mega diverso, que se encuentra en América del norte y donde solo los mariachis y los charros (y eso si, con mucho orgullo) portan el tradicional sombrero que tanto nos distingue. Asimismo, México posee una de las faunas y floras más diversas de la tierra, por ejemplo: tiene más especies de plantas que toda Europa, ocupa el primer lugar del mundo en variedad de reptiles, el segundo en mamíferos y el primero en pinos, cactos y agaves.

Y su gastronomía… la mayoría de los mexicanos piensan que nuestra comida es el mayor rasgo distintivo de lo mexicano, y de ella es el mole, esa singular combinación de dulce con amargo y además una prueba de fuego para el paladar del visitante, la mas reconocida como un platillo netamente mexicano, seguido muy de cerca por el pozole y los chiles rellenos.

Su gente, pues somos ante todo alegres y simpáticos, solidarios y positivos. Además, aunque con menos reconocimiento, somos perseverantes, leales, unidos, sencillos, fiesteros y patriotas.

Otros opinan que somos dicharacheros, soñadores, desconfiados, albureros e improvisados. Y ya mas entrados en confianza, somos mujeriegos, haraganes y aprovechados de todas las oportunidades; burlones, piratas, desinteresados, y pobres.

Y para cerrar con broche de oro, “desmadrosos”.

Pero hace falta amar a esta patria, para alcanzar a comprender, en el doble sentido de entender y de abarcar, su fulgor, que no es nada abstracto, sino algo que día a día, viaje a viaje, mirada a mirada se concreta. Se trata de amar a una patria a través de ciertas realidades muy concretas, como un cielito lindo, un zarape veteado, etc., por eso es mi patria, porque me reconozco en sus mitologías y en sus tradiciones, en su modo de crear belleza, de cumplir el ceremonial del día con día, de asimilar y resistir cualquier invasión, de aguantar vara, de sobrellevar el peso casi insoportable de sus obispos, emperadores, caciques, lideres y funcionarios, de resistir la injusticia, el maltrato de siglos y de, a pesar de todo, cantar y reír. Eso es lo que ocurre hoy en México, que es mi patria, mi suave y amada patria, mi México lindo y querido.

Me encanta nuestra capacidad de irreverencia. Hay quienes dicen que no podemos vivir en la eterna pachanga, y que es una de las razones por las que no prosperamos como deberíamos. Probablemente tengan razón, pero algo que no mencionan, es que es una de las claves para que México siga siendo independiente, ya que el estado de gozo y gracia no tiene que ser irresponsable. Se trabaja mejor estando de buen humor y dándole gusto al gusto. Si a ésas vamos, mas vano y más irresponsable es vivir con el ánimo siempre avinagrado.

Al menor pretexto y hasta sin él, México estalla en júbilo, en colores, aromas, sabores, coplas, cantos y cuentos. A falta de otro juguete, México juega sin cesar con las palabras.

México como cultura, tiene muchos siglos de estarse creando y recreando; México como unidad política, como Estado moderno, tiene muy pocos años de haber sido creada, en una fecha que podemos precisar: segunda mitad del siglo XIX. La inventaron Juárez y sus muchachos. Fueron estos encendidos muchachotes liberales los que se enfrentaron a los conservadores mochos, monárquicos, adinerados, acomplejados, extranjerizantes, cobardones, urgidos siempre de que alguien viniera del exterior y los salvara de pensar y vivir por su cuenta, de asumir los riesgos de apasionarse por un país que tendrían que vivir como responsabilidad propia; estos dizque mexicanos necesitados de que algún príncipe extranjero los aliviase de ser libres, de ser maduros y de sentirse mexicanos.

Todavía esta por escribirse la historia del daño que muchos de nosotros, sobre todo los conservadores y la jerarquía eclesiástica, le hemos hecho a México. En fin.

Pero también ya han llegado los jóvenes y las mujeres; los hombres maduros todavía no se van, todos hemos coincidido en este emocionante instante histórico que anuncia grandes cambios. No es el momento de irse, ni de acongojarse, es una hora ideal para que, por encima de todo, nos gane la esperanza y, nomás porque si, nos gane la risa.

México no es mejor que ningún país, y por supuesto, tampoco es peor. Pero es mi país y yo lo amo en su inminencia, en su sonrisa que rompe la tiniebla, en su alarido que busca la esperanza. Yo amo a mi patria y amo su fulgor.

Cortesía de: OARH.